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mayo 13, 2009

¿Más que un club?

Aún hay residuos del juego de hace una semana. La UEFA aún no anuncia los castigos hacia el Chelsea por su ‘penoso’ comportamiento. Se prevén sendos castigos para jugadores como Michael Ballack o Didier Drogba. Algunos periodistas y aficionados van mas allá y piden, verdaderamente con mucha sorpresa, incluso la suspensión del club. Suena exagerado, pero es al ambiente en algunos círculos. Mientras, el Barcelona goza hoy la obtención del titulo de la Copa del Rey en su país, España. Los del Chelsea son los malos, los del Barça los buenos. Ese es el paisaje después de la batalla, que el Barcelona ha ganado mediaticamente. A continuación un artículo interesante de Martin Samuel, columnista del Daily Mail publicado hace un par de días.

¿El todopoderoso Barcelona es más que un club?
No cuando ellos afirman tener autoridad m
oral.

Aparentemente, el Barcelona vestirá una nueva camiseta para la final de la presente edición de la Champions League. En medio de ella, a la altura del pecho esa camiseta estará adornada con una palabra: 'puppies' ('cachorros'). Ellos intentaron conseguir el 'cute ickle babies'' ('bebitos guapos') o el 'fuzzywuzzy snuggly bears', pero no lo lograron.

Qué lástima para el más perfecto club del fútbol. Y esto no es sólo por Thierry Henry, quien enfrenta a contrarreloj su proceso de recuperación para poder estar listo para el partido contra el Manchester United. Parece que tanto los jugadores, oficiales, antiguos entrenadores y periodistas del Barcelona han ascendido a la tierra de la más alta moral desde la victoria de miércoles en Stamford Bridge, que tal vez ya no puedan descender a tiempo para enfrentar el juego en Roma.

Ahora ya lo sabemos: un solo tiro a la portería en 94 minutos es el fútbol total, según Daniel Alves, que por cierto no habló tan jactanciosamente de su propio record como el jugador más sucio en la Champions League con 30 faltas (10 más del jugador que más se le acerca en el Chelsea hasta este miércoles, Michael Ballack). Jugar al contraataque, es, según las palabras de un sobreexcitado comentarista español, el Mal.

Cualquier cosa que suceda en Roma, tales adjetivos sólo serán reservados para los oponentes del Barcelona y su estilo de juego, pues los divinos catalanes jamás pueden hacer algo malo. Ellos tienen un refrán en el Camp Nou, mes que un club (más que un club), y parecería que algunos observadores se han tomado muy en serio ese producto de la mercadotecnia.

El Barcelona juega un fútbol fantástico, pero sólo en otros juegos, no en Stamford Bridge. Se ha puesto mucho énfasis en la simplista oposición entre los santos de Josep Guardiola y los pecadores de Guus Hiddink. Los viejos momentos han renacido, como la lucha entre los anteriores entrenadores: José Mourinho, Frank Rijkaard y el retiro del árbitro Anders Frisk.

Incluso ésta es sólo la mitad de la historia, porque la percepción común es que Mourinho calumnió a un hombre inocente, Frisk, al declarar falsamente que Rijkaard y ese arbitro hablaron durante el medio tiempo. El engaño de Mourinho fue decir lo que él vio incidentalmente. Desde su ubicación, él no podría haberlos visto; pero eso no significa que nada sucedió porque en el informe de la UEFA hay evidencias, del supervisor del estadio, que Frisk habría sido forzado a decirle tres veces a Rijkaard que se marcharse.

El Barcelona, a pesar de su piadosa retórica, no tiene los derechos de propiedad del fútbol. De hecho, para un club tan dedicado al juego limpio, la geografía del estadio Camp Nou ha intrigado siempre a los visitantes, pues una de las dos entradas a los vestidores (la de los locales) lleva al área de seguridad dónde el árbitro reside.

Esto significa que en el túnel, un equipo vira a la izquierda, y el otro a la derecha, y la ruta de los locales puede, si el técnico está particularmente distraído terminar en el vestidor equivocado (el del arbitro). No es que cualquier entrenador del Barcelona buscaría usar esto a su favor para sacar alguna ventaja. Es sólo y simplemente que Rijkaard se perdió en su propio estadio en la noche.

Hubo un juego entre Chelsea y Barcelona en el que se afirmo que la cancha de Stamford Bridge fue estropeada a propósito; una derrota provocó que Rijkaard pusiera en el centro de atención la actuación del árbitro Stefano Farina. Y mientras esperamos este año la “final soñada”, podemos recordar el juego entre Barcelona y Manchester United la temporada pasada. Barcelona no pudo anotar un solo gol en dos partidos. Rijkaard se quejo de que el United tuvo una total falta de originalidad y de aventura, y los acuso de tácticas negativas. Así, Barcelona realmente nunca pierde un partido de fútbol porque, incluso cuando los vencen, ellos asumen una predefinida posición de superioridad moral.

De hecho, para completar esta visión de santidad, Barcelona porta el nombre de una organización de caridad, la Unicef, que será confrontada, en la final de la Champions League, con la camiseta del United que tiene el patrocinio de AIG, la compañía americana de seguros en quiebra, que además es el símbolo de lo que está mal en el mundo financiero. Es un gesto noble, aun cuando los expertos de marketing predicen que el logotipo de la Unicef, el primero en ser puesto en la bendita playera azulgrana, es el comienzo de la entrada del Barcelona, la “camiseta más grande en la historia” en el mundo del patrocinio capitalista.

El convenio actual dura hasta el 2011, y para entonces los seguidores ya estarán acostumbrados al nuevo concepto. Ciertamente, el Barcelona no es tan ingenuo en asuntos de comercialización, pues actualmente tiene arreglos multimillonarios con Nike, Coca-Cola, Audi, TV3 , Estrella Damm, La Caixa, bwin, Acer, MediaPro, NH Hoteles, Vueling y Babybel.

La realidad es que el Barcelona es un gran club y este grupo actual de jugadores forman un gran equipo, quizás el mejor de su patria, pero eso es todo lo que son. Ellos no tienen asignada la misión de salvar al fútbol. Ellos no son ajenos a las faltas ni la encarnación de la belleza. Se le han mostrado 21 tarjetas amarillas al Barcelona en esta edición de la Champions League, lo cual es abismal comparado con las 11 que se han mostrado a jugadores del Manchester United. Han concedido 13 goles, en oposición a 6 del United. Cabe destacar que el Manchester ha tenido más tiros al arco en esta temporada que su rival en la final.

La última torcedura para la final es la petición del Barcelona de rescindir la tarjeta roja de Darren Fletcher, en el entendido de que el United hara lo propio para el perdón de Alves (30 faltas, recordemoslo) o Eric Abidal. ¿Son algo ingenuos? Ciertamente no.

Hay muchas cosas que admirar del juego del Barcelona y especialmente ahora bajo el mando de Guardiola. Esto es lo mejor del Barcelona. Pero las auto alabanzas todo el tiempo no son recomendables, pues los convierten en menos que un club y más en unos engreídos.

http://www.dailymail.co.uk/sport/article-1180259/MARTIN-SAMUEL-Almighty-Barcelona-club-Not-claim-moral-authority.html

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